miércoles, 18 de enero de 2017

ESCUELA SECUNDARIA TÉCNICA NO.52
“ALFONSO MEDINA CASTAÑEDA”
ESPAÑOL 2
PROYECTO: “CUENTOS Y RECUENTOS”
Asignatura: Español
PRACTICA SOCIAL: ESCRIBIR VARIANTES DE UN MISMO CUENTO
Autor del cuento original: María Teresa Di Dio
Título del cuento original: “Un Camino Ciego”

Autor de la adaptación: Yasmín Guadalupe González González
Grado y grupo: 2º “B”
18 de noviembre de 2016

Aquel día era una de esas mañanas lluviosas de junio, había un frío que inundaba el rededor de las calles de la ciudad. 
Caminé cubriéndome con mi chamarra la nariz y la boca; en ese momento me detuve y recordé que era tiempo de volver a la ruidosa ciudad, pero algo en mí me decía que debía permanecer en ese pequeño pueblo, no dudé más e hice las  maletas y me encaminé a la estación de trenes. Después de unos minutos de espera,  el tren llegó a la estación, acomodó mi tristeza junto a las maletas y partió.
Al estar en la ciudad vi como mi ánimo se desvanecía,  no pude resistir más de un año,  así que decidí volver a mi pueblo para poder estar tranquilo.
Cuando volví decidí alojarme unos días en el hotel del lugar, el cual estaba cercano a la estación de trenes, esto mientras encontraba un buen trabajo y buscaba una casa para rentar y después comprarla. Mi llegada le sorprendió mucho a la encargada del hotel, quien me preguntaba con añico las causas de mi regreso, y que jamás pude contestar.
 Después de mi regreso decidí ir en busca de trabajo y sin querer un día en la cafetería que estaba adjunta a la estación me dieron la oportunidad de ser cobrador y despachador.
Cada día observaba los viajeros y me preguntaba si podían ser felices fuera de sus tierras natales; un día con la misma rutina voltee a ver como uno de los trenes llegaba, me sorprendió ver que sólo eran tres pasajeros, dos hombres y una dama con un perro lazarillo.
La mujer de pasos elegantes pero de sencillez en la vestimenta,  se acercó y preguntó a la dueña del café una dirección, entonces se fue en marcha hacia ella.
Me quedé fanatizado  por la belleza y la voz de ella, era tan dulce, tan suave, pero intrigado al percibir  que su mirada era triste.
La mujer visitaba con frecuencia la cafetería, todos los días sin excepción a las 11:30 am, hasta que un día me atreví a preguntarle su nombre, me dijo que se llamaba Alejandra, también me preguntó el mío yo le dije –Mucho gusto sólo dime Sebastián- ella me respondió son su suave voz –Qué lindo nombre-. Me senté a su lado y sin darme cuenta me enamoré de ella.
En pocos días nuestras charlas se volvieron amenas, me volví ciegamente enamorado de ella, no  me importaba que sus ojos no me percibieran, sólo  quería amarla hasta el final de mi vida.

Una tarde después de una larga platica Alejandra me invitó a su casa a comer, yo acepté, su conversación y compañía me eran agradables, de pronto me llegó a la mente proponerle matrimonio. Apenas iba a hablar cuando ella interrumpió y me dijo que había contratado a una enfermera para que la cuidara porque últimamente se estaba sintiendo mal; yo le pregunté si ya había visitado al doctor, a lo que ella me respondió diciendo que sí, que inclusive le habían hecho unos análisis y que mañana iría a recogerlos el centro médico en punto de las 7: 00 am, me contó también que la enfermera llegaría  a las 6:00pm y que mientras tanto estría en su casa; después de un rato me retiré a mi hogar.
Toda la noche estuve pensando en cómo pedirle matrimonio, ya era la 2:00 am (ya en la madrugada) y no  podía conciliar el sueño así pensativo sin saber a qué hora logré dormir. Desperté a las 8:30 am y me arme de valor  y salí a la calle despavorido con la antigua argolla de mi madre que dejó al fallecer, sonreía pues la propuesta de matrimonio y las palabras precisas ya estaban en mi boca.
La tormenta no cesaba y ni eso me detuvo, corrí a la casa de mi amada la cual estaba a más de un kilómetro fuera del pueblo.


Cuando llegué, toqué la puerta y salió la enfermera, me preguntó qué hacía ahí, yo le pregunté lo mismo y no pudo contestar, la vi nerviosa desesperada y pregunté por mi chica, ella se soltó en llanto y me dijo que había pasado algo muy grave, que Alejandra en camino por los resultados sufrió un aparatoso accidente, pues su perro lazarillo se había soltado y que un carro la había atropellado, que estaba muy grave en el hospital.
Cuando ingresé al lugar donde estaba Alejandra de inmediato me dejaron pasar a verla y entonces la observé así casi sin vida y suspiré, entonces ella me dijo con debilidad  – Sebastián… ¿eres tú? Le dije que sí, la tomé entre mis brazos y le dije sin acordarme de la sortija que si se quería casar conmigo, ella respondió con un sí,  en ese momento nos besamos con tanta ternura,  ella suspiró y  murió entre mis brazos. Jamás olvidaré ese día, 22 de junio del 2016, un día con tormenta, el día en que la vida de llevó al amor de mi vida, el día que dejé de creer en el amor, el día en que mi vida dejó de tener sentido.

FIN

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