ESCUELA
SECUNDARIA TÉCNICA NO.52
“ALFONSO MEDINA
CASTAÑEDA”
ESPAÑOL 2
PROYECTO: “CUENTOS
Y RECUENTOS”
Asignatura:
Español
PRACTICA SOCIAL:
ESCRIBIR VARIANTES DE UN MISMO CUENTO
Autor del
cuento original: María Teresa Di Dio
Título del
cuento original: “Un Camino Ciego”
Autor de la
adaptación: Yasmín Guadalupe González González
Grado y
grupo: 2º “B”
18 de
noviembre de 2016
Aquel día era una de esas mañanas
lluviosas de junio, había un frío que inundaba el rededor de las calles de la
ciudad.
Caminé cubriéndome con mi chamarra la nariz y la boca; en ese momento me detuve y recordé que era tiempo de volver a la ruidosa ciudad, pero algo en mí me decía que debía permanecer en ese pequeño pueblo, no dudé más e hice las maletas y me encaminé a la estación de trenes. Después de unos minutos de espera, el tren llegó a la estación, acomodó mi tristeza junto a las maletas y partió.
Caminé cubriéndome con mi chamarra la nariz y la boca; en ese momento me detuve y recordé que era tiempo de volver a la ruidosa ciudad, pero algo en mí me decía que debía permanecer en ese pequeño pueblo, no dudé más e hice las maletas y me encaminé a la estación de trenes. Después de unos minutos de espera, el tren llegó a la estación, acomodó mi tristeza junto a las maletas y partió.
Al estar en la ciudad vi como mi ánimo
se desvanecía, no pude resistir más de
un año, así que decidí volver a mi
pueblo para poder estar tranquilo.
Cuando volví decidí alojarme unos
días en el hotel del lugar, el cual estaba cercano a la estación de trenes,
esto mientras encontraba un buen trabajo y buscaba una casa para rentar y después
comprarla. Mi llegada le sorprendió mucho a la encargada del hotel, quien me
preguntaba con añico las causas de mi regreso, y que jamás pude contestar.
Después de mi regreso decidí ir en busca de
trabajo y sin querer un día en la cafetería que estaba adjunta a la estación me
dieron la oportunidad de ser cobrador y despachador.
Cada día observaba los viajeros y
me preguntaba si podían ser felices fuera de sus tierras natales; un día con la
misma rutina voltee a ver como uno de los trenes llegaba, me sorprendió ver que
sólo eran tres pasajeros, dos hombres y una dama con un perro lazarillo.
La mujer de pasos elegantes pero de
sencillez en la vestimenta, se acercó y
preguntó a la dueña del café una dirección, entonces se fue en marcha hacia
ella.
Me quedé fanatizado por la belleza y la voz de ella, era tan
dulce, tan suave, pero intrigado al percibir
que su mirada era triste.
La mujer visitaba con frecuencia la
cafetería, todos los días sin excepción a las 11:30 am, hasta que un día me
atreví a preguntarle su nombre, me dijo que se llamaba Alejandra, también me
preguntó el mío yo le dije –Mucho gusto sólo dime Sebastián- ella me respondió
son su suave voz –Qué lindo nombre-. Me senté a su lado y sin darme cuenta me
enamoré de ella.
En pocos días nuestras charlas se
volvieron amenas, me volví ciegamente enamorado de ella, no me importaba que sus ojos no me percibieran, sólo
quería amarla hasta el final de mi vida.
Una tarde después de una larga
platica Alejandra me invitó a su casa a comer, yo acepté, su conversación y compañía
me eran agradables, de pronto me llegó a la mente proponerle matrimonio. Apenas
iba a hablar cuando ella interrumpió y me dijo que había contratado a una
enfermera para que la cuidara porque últimamente se estaba sintiendo mal; yo le
pregunté si ya había visitado al doctor, a lo que ella me respondió diciendo
que sí, que inclusive le habían hecho unos análisis y que mañana iría a
recogerlos el centro médico en punto de las 7: 00 am, me contó también que la
enfermera llegaría a las 6:00pm y que
mientras tanto estría en su casa; después de un rato me retiré a mi hogar.
Toda la noche estuve pensando en
cómo pedirle matrimonio, ya era la 2:00 am (ya en la madrugada) y no podía conciliar el sueño así pensativo sin
saber a qué hora logré dormir. Desperté a las 8:30 am y me arme de valor y salí a la calle despavorido con la antigua
argolla de mi madre que dejó al fallecer, sonreía pues la propuesta de
matrimonio y las palabras precisas ya estaban en mi boca.
La tormenta no cesaba y ni eso me
detuvo, corrí a la casa de mi amada la cual estaba a más de un kilómetro fuera
del pueblo.
Cuando llegué, toqué la puerta y
salió la enfermera, me preguntó qué hacía ahí, yo le pregunté lo mismo y no
pudo contestar, la vi nerviosa desesperada y pregunté por mi chica, ella se
soltó en llanto y me dijo que había pasado algo muy grave, que Alejandra en camino
por los resultados sufrió un aparatoso accidente, pues su perro lazarillo se
había soltado y que un carro la había atropellado, que estaba muy grave en el
hospital.
Cuando ingresé al lugar donde
estaba Alejandra de inmediato me dejaron pasar a verla y entonces la observé
así casi sin vida y suspiré, entonces ella me dijo con debilidad – Sebastián… ¿eres tú? Le dije que sí, la tomé
entre mis brazos y le dije sin acordarme de la sortija que si se quería casar
conmigo, ella respondió con un sí, en
ese momento nos besamos con tanta ternura,
ella suspiró y murió entre mis
brazos. Jamás olvidaré ese día, 22 de junio del 2016, un día con tormenta, el
día en que la vida de llevó al amor de mi vida, el día que dejé de creer en el
amor, el día en que mi vida dejó de tener sentido.
FIN


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